Su cama, mi cama y la de ella.

Fotografía de Marie Bauwens

Fotografía de Marie Bauwens

Pues como sabrán llegó el día en que mi hijo se fuera a su cuarto, mi hija por otro lado estaba tan contenta que hasta ayudaba a su papá a armar la cama de su hermanito.

Por mi parte con una serie de sentimientos encontrados me encontré con un cuarto enoooooooooorme! Hasta podía flotar en el, claro que como animal de presa, expiraba el miedo por una noche que se anunciaba difícil por tremenda separación….ya no me creo los cuentos de hadas y sobre todo cuando de patrones de sueño se trata, hay que tener un temple fuerte, que no siempre es fácil.

El caso es que al caer la noche ya con la buena hija en cama y el buen hijo con ojitos de “buenas noches” me decidí a ponerlo cuidadosamente en su cama, con una media luz azul, olores cercanos a su madre y aguantando la respiración lo coloqué deseándole dulces sueños en silencio, prendí el babyphone y me fui corriendo a mi cuarto a ver la pantalla, ¡sí! Seguía dormido.

De vez en cuando volteaba a ver la pequeña pantalla para velar los sueños de mi hijo, todo en calma, finalmente me dormí, ni lo creía, ¡hasta algo soñé! No es que mi hijo haya dormido toda la noche pero si unas 4 horas y media. Primera toma de noche, regreso a su cama y yo a la mía, ufffff la libré de nuevo….a los veinte minutos un gritito….no era el del buen hijo sino el de la buena hija, así que decidimos llevarla a nuestra cama, con tal de dormir y sobretodo que no despertara a su hermano.

Segunda toma de noche, más bien de madrugada anunciada por los primeros rayos de sol, la verdad ya dormido me quedé con él (pero no le digan a nadie).

Ya cuando mi hija tomaba el relevo y se despertaba para inicial la jornada, el pequeño también habría los ojos al mundo diciendo buenos días, así que probé ponerlo en su cama un momento en lo que atendía a la pequeña, que reclamaba cuidados y amor.

Para mi sorpresa el bebé se divertía como si fuera juego nuevo, vuelta para acá, vuelta para allá, vuelta para acá y volvemos a empezar, en medio de un concierto y pláticas profundas con el móvil sobre su cabeza. Increíble pero cierto, creo que al final está sumamente contento de encontrar la paz de su cuarto y no compartir sus horas de sueño con una hermana y dos papás develados, ruido de por medio, luces y unas que otras veces, gritos de su hermana que tiene como hobby despertar al hermanito diciendo “shhhh shhh, bebé dodo” bien fuerte a un lado de su oído, por supuesto.

La buena hija por su parte feliz de que todo regrese a la normalidad, aunque en estos días se pasa a mi cama diciendo “Abrazo” y así dormimos en lo que la alarma bebé me despierta para la otra parte de la noche.

Aunque aquí entre nos me encanta tenerlos conmigo y dormir abrazada de ella y un ojo pegado a él, que se le hace si estas etapas dicen ser para nuestros hijos mientras que la realidad es que somos nosotros los que tienen que pasarla de la mejor manera posible, pero hoy me voy con una sonrisa entre dientes por una batalla ganada: “Durmiendo en su cuarto, sin lagrimas”.

Les deseo dulces sueños, aunque sean algunos minutos…

¿Ustedes como han pasado esta etapa?¿Les ha sido fácil?¿Han regresado sus hijos a su cuarto?

Fotografía y colaboración de Marie Bauwens

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