Con ella

Lori Joy

Lori Joy

La más grande con su enormes dos años y tres meses, casi cuatro, está en una etapa tan divertida, que no me canso de decirlo. Por un lado en ese sentido de la comunicación, en ocasiones no tan efectiva, con sus vaivén de palabras en español, francés e inventos propios, que te hacen vivir anécdotas tan extrañas contadas por ella misma, que si tienes suerte hasta efectos especiales te toca; por otro lado afirmándose cada vez más conscientemente, quiero pensar, mostrando su carácter de manera firme y un tanto torpe, pero que hace temblar a la tierra; otras veces tan cariñosa que nada más de verla te derretirías con una sonrisa suya y unos ojitos pispiretos.

Mientras tenía al más pequeño en mis brazos, la observaba como iba y venía dando saltitos mientras jugaba con su papá. Ellos juegan a su manera, un tanto bruscos cuando ella le salta en la panza con una sonrisota y un grito de victoria anudados. Veía la expresión de su papá, con esos ojos de fatiga pero con un brillo de felicidad, y orgullo entremezclados, tratando de escapar de las garritas de su hija que le perseguía por toda la casa, para repetir la operación.

Su papá se desvive por ellos, pero ahora que él se ha encargado más de la pequeñita veo como vivamente ese vínculo de padre e hija se hace cada vez más fuerte, ellos juegan como si no hubiera un mañana, corren por toda la casa, se brincan encima, escalan todo lo que les permita estar a más de medio metro del ras del suelo; y claro si de salir se trata, todavía mejor, hay una montaña de tierra en el jardín que por lo que he visto es el castillo de ellos, su montaña sagrada, su Everest; algunas veces me llaman para que salga a verlos, y ella con su pequeña mano agitándola de un lado a otro me grita: “Mamáaaaaaa”; también en el jardín han puesto unas tablas para que ella pase de un lado al otro guardando el equilibrio, lo mismo en el jardín que en una ventana bajita, creo qué es la manera de su papá de iniciarla a escalar.

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¡Podría verlos jugar durante horas! Cuando se acerca la hora de dormir y le toca el baño, este es otro motivo de juego, claro que la operación puede durar horas, creo que se lleva más tiempo en la regadera que en la tina, pero ella feliz, siguiendo la aventura con su padre. Bajo el agua, su papá le ha enseñado a hacer chorritos de agua con la boca, cosa que no me hace gracia, pues en ocasiones lo ensaya con el yogurt y no les cuento en que termina la cena, pero se divierten en grande; ya más tarde es la hora de cenar y el relax total frente a una película; si todavía está de humor te platica e imita los diálogos con algún sonido o gesto, amenizando la trama; si está cansada simplemente se acurruca en los brazos de su papá mientras se acerca la hora de irse a soñar.

Este es un día cualquiera en esta casa.

¿ustedes tienen alguna actividad preferida de sus hijos con su papá? ¿cómo viven un día de asueto con ellos?

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