El jardín de María

Risas, imaginación, peligro

Chiho Aoshima

Chiho Aoshima

Apenas una luz tenue se podía alcanzar a ver en ese jardín….conforme avanzaba la noche los mágicos colores hacían su aparición, había veces que si uno no se movía y guardaba absoluto silencio podía escuchar un tenue murmullo. Los grandes sabios decían que era un jardín encantado, otros decían que era el país de las hadas, lo que si era verdad es que no tenía parecido alguno con algo antes visto, cada mañana tomaba distintas formas, las risas hacían parte del encanto de ese precioso espacio, María que desde siempre y sin recordar exactamente cuándo y cómo había llegado hasta ahí se sentía en casa, tomaba rienda suelta a la imaginación.

Una vez cada mil años María podía salir de tan hermoso lugar para ir a visitar la tierra, siempre le había gustado ese sitio, entre sueños los niños felizmente la llamaban, pero sus padres temerosos simplemente la nombraban Peligro.

Nota:

150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (DiarioDeAlgoEspecial) de una microhistoria o microrrelato, tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento con ellas ¡de 150 palabras!

Para conocer como nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.

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Segundo 10 de mayo, y primero como bimadre.

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Los festejos empezaron desde antes, la escuela de mi hija preparó con ella el regalo perfecto para el segundo año de la fiesta de las madres, y aunque esta era el domingo, ya desde el miércoles mi hija traía en sus manos el preciado regalo para mamá.

Al llegar a la casa junto con el abuelo, este último le dijo, “dale el regalo a mamá” así que ella tan obediente como siempre se acercó a mi y me lo extendió, acto seguido y en un santiamén me lo quitó diciendo “mi, mi” (mío) luego lo abrió y muy orgullosa me enseñó que eran sus manos las que estaban estampadas en el papel. ¿El regalo? ¡Ah! Una lata de metal forrada de una hoja de papel bond decorada con las manos de mi hija y uno que otra estampita de corazón y flor, a las cuales les decía (parando la trompita) “cuore” “cuore” ¡Me derrite cuando hace esto!, ¡se me olvidaba! también había una cuchara de plástico negro, pues el artefacto estaba destinado a mi cocina para poner todos los utensilios.

Un regalo maravilloso, el cual después de que ella juegue con el (pues es de ella) irá a parar a la caja de los recuerdos con todos las obras artísticas de la pequeña. Me pregunto ¿qué es lo que hacía mi madre con todo eso? Supongo que al pasar de los años su caja de los recuerdos se llama “bote de basura” no creo haber visto ningún collar de cuentitas, ni la manta que bordamos, ni nada del estilo, (aunque de lo que sí me acuerdo es de la ilusión que tenía de hacer algo para mamá)….creo que los dibujos deben de andar en alguna parte pero bueno, les estaba platicando de mi 10 de mayo.

Ya el mero día me trajo un ramito de flores y su papá otro, lo increíble es que el ramo de ella estaba tan pero tan tierno, la florista realmente hizo algo súper bonito y de acuerdo a mi hija, y bueno como cada domingo me trajeron el desayuno acompañado de una taza de café. Esa noche había sido especialmente difícil con el más pequeño, pero eso no vale nada cuando ves la cara de tu hija llena de ilusión por saber que pasa algo, que hay una fiesta en camino, que me quiere abrazar y quedarse en mi pecho durante un momento.

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Unos días antes, en la semana, pensaba en un spa, (sola) burbujas en la tina de hidromasaje, cremas de olores a flores para calmar el estrés, un té en cada esquina del lugar, una música sublime a cada paso del recinto y ya si de eso se trata (de soñar) pues de una buena vez en Cancún. Pero no pasó así, nos quedamos en casa, tuvimos visita de la familia con un buen clima (cosa rara), aprovechamos el tiempo en el jardín(madre e hija) tan preciado en estos momentos, empezamos a plantar algunas flores al frente de la casa….pero eso se los contaré con más detalle más adelante.

También me ayudó en la cocina, le encanta y la verdad se pasa un muy buen rato.

Su papá en otro momento del día se quedó con ellos mientras yo hablaba con mi familia y me sentaba un ratito sin bebé en brazos, (también eso es rico de vez en cuando, una se siente un poco más ligera).

Parece mentira, como los pequeños te absorben y consumen tu energía, al mismo tiempo te la renuevan, es agotador pero la recompensa es enorme, he aprendido a llevar mis ojeras con orgullo, es el símbolo de que soy mamá (creo, o me gusta pensarlo, aunque ya las tenía desde antes, ojeras sexy las llamo) y más que nada por que ya ninguna base de maquillaje las tapa…pero como sea el verlos es maravilloso, siempre salen a relucir frases cursis en estos momentos pero es la verdad, tocan ciertas cuerdas sensibles que te hacen ver el mundo con otros ojos.

Entonces recapitulando ¿Qué es lo que quiere mamá en su día? Que papá se encargue de los hijos y de ser posible unos días en un Spa.

¿Qué es lo que quiere la abuela que vive a casi 10 000 kilómetros? Visitar y cuidar a sus nietos.

Ante eso ¿qué es lo que quiere la hija de la abuela (yo)? Que venga a cuidar a sus nietos en periodo vacacional.

¡Y así todos contentos! Hasta invitamos al abuelo para que no se sienta.

Así pasé mi segundo 10 de mayo y el primero como #bimadre, feliz de la vida orgullosa de serlo y aún más de mi familia.

¿Ustedes como pasaron el día de la madre? ¿Ya pasó o está por llegar? ¿Se acuerdan de algún regalo que hayan hecho en su infancia para sus mamás?

El cuento

Nombre, igual, distinto (150 palabras)

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¿Cuál es tu nombre? Me llamo abuela, la pequeña reía sin para cuando la anciana jugaba así con ella.

No! Decía la niña entre risas, cuál es tu verdadero nombre? Es abuela, la bella anciana repetía entre risas un poco más tímidas.

Seguían entre juegos para entonces contarle una historia, breve historia de caperucita roja, alguna palabras más, alguna menos pero siempre igual en esencia, noche tras noche antes de dormir.

Con el pasar del tiempo, aunque era un cita a la que las dos acudían pasara lo que pasara, pues el mundo se detenía ante ellas, se abría el cielo, se transportaban con cada palabra contada de la abuela.

No era necesario decir gran cosa, ese momento era único para ellas y aunque no cambiara con los años, un día pasó, el cuento era distinto, algo había cambiado, otro cuento…sería la última historia de la abuela antes de dormir.

Nota:

150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (DiarioDeAlgoEspecial) de una microhistoria o microrrelato, tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento con ellas ¡de 150 palabras!

Para conocer como nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.

El pastel

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Ahora si que nos tomamos una tarde para nosotras, un momento único y exclusivamente para madre e hija, ya nos hacía falta desde hace tiempo, sobre todo desde la llegada del hermanito.

Busqué una receta fácil, algo que no hubiera pierde, que no tuvieras que hacer grandes esfuerzos y sobre todo que ella se divirtiera y que participara activamente. Me decidí por un pastel de yogurt, este es súper fácil de hacer y los niños lo adoran.

Pastel de yogurt

Para las medidas vamos a utilizar el envase del yogurt:

1 paquete de levadura

1 yogurt natural (yo uso el que tiene azúcar).

Medio envase de aceite

2 envases de azúcar (yo utilicé la mascabada).

3 envases de harina

2 huevos

½ limón (yo le puse el jugo del limón pero se puede utilizar únicamente la cáscara rallada).

Todo lo pones en un recipiente, lo bates, la masa la agregas en un molde previamente enharinado y lo metes al horno a 180 grados por 25 minutos aproximadamente y ¡listo!

La experiencia fue genial, ella estaba súper contenta, se quiso poner los dos mandiles al mismo tiempo y obvió el gorrito de chef, el look era exquisito. Una vez ya preparadas nos pusimos manos a la obra.

Los ingredientes ya los tenía fuera para no tener que andar buscando y hacer la tarea más fácil con ella, la sorpresa fue que al ir poniendo los ingredientes, mi hija el único que conocía era el yogurt, el azúcar cuando la probó quedó encantada “miam miam” decía con una sonrisa iluminada como si estuviera en el Nirvana, luego al pasar a la harina, quiso probarla aunque comió un poco prefirió el azúcar así que para no tener crisis la guardé….con los restos de azúcar y harina en su mesita trataba de agarrarlos y ponerlos en el envase…¡guacala! Le decía, eso ya no…estuvo un tiempo entre que comía los restos y trataba de ponerlos en el recipiente donde teníamos los ingredientes,ya para finalizar fui yo quien hizo la mezcla con la batidora, eso la verdad no es que le interesara demasiado, ella seguía con su experiencia gustativa.

Puse el molde ya con la mezcla dentro en el horno y le enseñé que todo lo que habíamos puesto iba a otro recipiente y luego había que hornearlo durante un rato, pero que no se acercara pues estaba caliente.

Ella agarró un banquito para sentarse y esperar atenta el pastel, me decía en intervalos “scho scho” (caliente) para indicarme que no me acercara, ay ay ay que me derrito con esta niña.

Finalmente al sacar el pastel, estaba tan contenta, que para no partirlo inmediatamente, la distraje un rato en el baño jugando un poco con el agua y poniéndole el pijama, mientras esperamos a que se enfriara un poco.

Cuando lo probó estaba mue emocionada “mi, mi” decía seguido de un “patel”… luego muy amablemente fue a buscar a su papá para decirle “patel patel mi” en breve quiere decir: es el pastel que hice. Por supuesto su papá le hizo tanta fiesta que ella no cabía de la felicidad.

Esta actividad de apenas unos 20 minutos en total hizo un pequeño paréntesis entre nosotras, pudimos crear una pausa entre tantos cambio que ha habido en casa. Ella ha estado más contenta, y yo también al verla así, hasta me tocó una canción solo para mi, entre los “tralalá y tralalalalalala” que le encantan hacer había “mamaaaaaaaaaaaaa mamaaaaa”.

¿Qué más puedo pedir? Fue una actividad digna de repetir, se las recomiendo ampliamente.

¿Ustedes de que manera pasan tiempo con sus hijos? ¿Tienen alguna actividad únicamente entre ustedes? ¿Algún ritual o simplemente juego o lectura?

¿Y qué fue del objeto del deseo?

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Recordarán que alguna vez les hablé sobre el El objeto del deseo, ese objeto con el cual relacionábamos nuestra maternidad, ya saben esa imagen perfecta de ustedes y su pequeño bebé en brazos.

El mío siempre fue una mecedora, y la tuve esta vez para mi segundo hijo, ya al final del embarazó llegó el paquete a mi casa, unos 20 kilos de ilusiones, la recomendación fue: no la cargues, quédate quieta, no la armes, no hagas esfuerzos…pero la verdad es que es más fuerte que yo, y ya saben lo que quieres es en el momento, y el momento mientras lo voy platicando ya pasó, así que manos a la obra, la abrí, vi la manera de armarla y poco a poco fui subiendo las partes que la formarían, ya una vez en el cuarto del bebé que la esperaba ansiosamente la fui armando hasta completar la misión, que alegría al verla, tan perfecta, tan, tan, tan llena de ilusiones…..y bueno una vez que me senté en ella y vi las posiciones sabía que estábamos hechas la una para la otra.

La realidad es que antes de que naciera me encantaba estar en ella, y seguir soñándome con mi pequeño, cuando nació tardé en poder utilizarla por eso de la cesárea, casi tres semanas para que me animara pues eso de andar probando cosas cuando a una la han cortado en dos pues no es muy tentador.

El caso es que cuando fue nuestra primera vez en este objeto casi mágico, se podía oír una musiquita tenue a nuestro alrededor (todavía la oigo), una atmosfera cálida en torno nuestro casi como si la aurora boreal nos abrazara, y claro adoptamos tanto él como yo este objeto como nuestro.

A dos meses de su nacimiento, un regreso de la mamá casi Ninja y una hija guerrera que nos sigue a todos lados reclamando atención, la mecedora a tomado distintas vetas, ya no solo es un momento de relax para el bebé y yo sino que ha servido de cuna y cama para nosotros en esas noches en las que el buenhijo decide tomar su momento creativo a altas horas de la noche de manera non stop, esas noches de cólicos en las que solo se calma en el vaivén de las olas de la mecedora, he pasado noche completas en ella antes de una total recuperación, ha servido de biblioteca para la buenahija, ha servido de momento mágico especial para mi, sin nadie que ande deambulando, ha servido de consuelo para la buenahija cuando se despierta en la noche reclamando los brazos de su mamá…

Esta vez me ha costado más las noches, no se si es el cansancio acumulado o miles de cosas en juego pero gracias a la mecedora he podido dormir algunas horas de corrido, amamantar a mi hijo, dormirlo en ella, arrullarnos, en fin no ha servido para pegar un poco el ojo en esos momentos de crisis, pero también la hemos disfrutado simplemente por el hecho de que ella está aquí, sin un motivo específico y a decir verdad cada momento en ella puedo pensar en los abuelos y una sonrisa de satisfacción cada que les cuento las aventuras del objeto preciado.

2 meses en casa

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Hoy son dos meses desde su llegada, el más pequeño de la casa, de la familia. He aprendido enormemente con él y con mi hija mayor en este tiempo, sentimientos que se repiten y otros que se estrenan, hoy a dos meses puedo sentirme más segura, menos estresada, (por lo menos en intervalos y por algunos minutos si no es que segundos).

El pequeño empieza a hacer sonidos y a reír cuando te ve, cuando me ve, si está contento, abre enormemente sus ojos y empieza a moverse con todas sus fuerzas, agitando sus brazos y piernas, haciendo muecas, sonrisas y algunos sonidos, automáticamente me saca una sonrisa y un suspiro repleto de emociones entre mezcladas, se necesita tan poco para estar tan contenta en estos días, ya no me acordaba de lo que era un bebé tan pequeñito en casa y hoy a sus dos meses veo que cambia tan rápido, podría hacer miles de comparaciones con su hermana de dos años pero no tiene caso, por lo menos no hoy, él es único, sus modos también y su despertar ante la vida.

En estas semanas hemos comenzado a entendernos, a empezar a conocernos, a querernos y sobre todo a acostumbrarnos, él a mis brazos y yo a tenerlo en ellos.

¿Cómo nos comunicamos? Todo depende de sus ojos, he aprendido a descifrar cada mirada, pestañeo así como cada sonido por más mínimo que sea, lo mismo pasa con su respiración, cada intervalo, frecuencia, siento su latido al unísono con el mío.

Miro su pequeña mano tratando de agarrar mi dedo y no puedo dejar de pensar en lo que harán esas manitas que ahora están ávidas de experiencias…

¡Felices dos meses!