El pastel

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Ahora si que nos tomamos una tarde para nosotras, un momento único y exclusivamente para madre e hija, ya nos hacía falta desde hace tiempo, sobre todo desde la llegada del hermanito.

Busqué una receta fácil, algo que no hubiera pierde, que no tuvieras que hacer grandes esfuerzos y sobre todo que ella se divirtiera y que participara activamente. Me decidí por un pastel de yogurt, este es súper fácil de hacer y los niños lo adoran.

Pastel de yogurt

Para las medidas vamos a utilizar el envase del yogurt:

1 paquete de levadura

1 yogurt natural (yo uso el que tiene azúcar).

Medio envase de aceite

2 envases de azúcar (yo utilicé la mascabada).

3 envases de harina

2 huevos

½ limón (yo le puse el jugo del limón pero se puede utilizar únicamente la cáscara rallada).

Todo lo pones en un recipiente, lo bates, la masa la agregas en un molde previamente enharinado y lo metes al horno a 180 grados por 25 minutos aproximadamente y ¡listo!

La experiencia fue genial, ella estaba súper contenta, se quiso poner los dos mandiles al mismo tiempo y obvió el gorrito de chef, el look era exquisito. Una vez ya preparadas nos pusimos manos a la obra.

Los ingredientes ya los tenía fuera para no tener que andar buscando y hacer la tarea más fácil con ella, la sorpresa fue que al ir poniendo los ingredientes, mi hija el único que conocía era el yogurt, el azúcar cuando la probó quedó encantada “miam miam” decía con una sonrisa iluminada como si estuviera en el Nirvana, luego al pasar a la harina, quiso probarla aunque comió un poco prefirió el azúcar así que para no tener crisis la guardé….con los restos de azúcar y harina en su mesita trataba de agarrarlos y ponerlos en el envase…¡guacala! Le decía, eso ya no…estuvo un tiempo entre que comía los restos y trataba de ponerlos en el recipiente donde teníamos los ingredientes,ya para finalizar fui yo quien hizo la mezcla con la batidora, eso la verdad no es que le interesara demasiado, ella seguía con su experiencia gustativa.

Puse el molde ya con la mezcla dentro en el horno y le enseñé que todo lo que habíamos puesto iba a otro recipiente y luego había que hornearlo durante un rato, pero que no se acercara pues estaba caliente.

Ella agarró un banquito para sentarse y esperar atenta el pastel, me decía en intervalos “scho scho” (caliente) para indicarme que no me acercara, ay ay ay que me derrito con esta niña.

Finalmente al sacar el pastel, estaba tan contenta, que para no partirlo inmediatamente, la distraje un rato en el baño jugando un poco con el agua y poniéndole el pijama, mientras esperamos a que se enfriara un poco.

Cuando lo probó estaba mue emocionada “mi, mi” decía seguido de un “patel”… luego muy amablemente fue a buscar a su papá para decirle “patel patel mi” en breve quiere decir: es el pastel que hice. Por supuesto su papá le hizo tanta fiesta que ella no cabía de la felicidad.

Esta actividad de apenas unos 20 minutos en total hizo un pequeño paréntesis entre nosotras, pudimos crear una pausa entre tantos cambio que ha habido en casa. Ella ha estado más contenta, y yo también al verla así, hasta me tocó una canción solo para mi, entre los “tralalá y tralalalalalala” que le encantan hacer había “mamaaaaaaaaaaaaa mamaaaaa”.

¿Qué más puedo pedir? Fue una actividad digna de repetir, se las recomiendo ampliamente.

¿Ustedes de que manera pasan tiempo con sus hijos? ¿Tienen alguna actividad únicamente entre ustedes? ¿Algún ritual o simplemente juego o lectura?

Cuatro manos para un bebé

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Mi pequeño terroncito de azúcar empieza a tomar peso en esta casa y peso en kilos, me parece que a penas me doy la vuelta y ya llenó sus cachetes, al rato lo voy a ver caminando y saltando por toda la casa en compañía de su hermana…

Me dedico de tiempo completo a mis hijos (en lo que vuelvo al trabajo, pero me queda un rato todavía), 24/24 al pequeño recién llegado y en las tardes a la mayor, y es verdad que cuando somos tres agárrate mundo que ahí te voy, entre la hermana mayor (ni tan mayor solo 2 años) y el pequeño de dos meses pues como dicen es deporte extremo, nos divertimos pero es agotador y en ocasiones estresante, sobre todo cuando no nos ponemos de acuerdo. La comunicación es la base de todo pero no siempre llegamos a un acuerdo, gajes del oficio y de dos niños empezando a mostrarse al mundo.

Todo esto para hablarles del porteo, la bufanda, rebozo, etc…Me ha hecho la vida, esta vez le he agarrado el gusto, les explico:

Después de la espalda bloqueada en tres puntos diferentes, un desgarre de un músculo que quien sabe como se llame, pocas fuerzas y dos niños impacientes por los brazos de su madre, me decidí, un poco por salir adelante y conciliar con los dos y otro tanto por los comentarios de Maite y Noe, así que hice una maestría, doctorado y post doctorado de porteo (claro vía youtube, no se que haría sin él), lo que no hice o no le tenía tanto cariño con la primera lo adoro con el segundo, es genial poderme mover, descansar un poco los brazos pero sobre todo sentirme libre de poder jugar con mi hija y tener al bebé en brazos, de esta manera todos tenemos lo que queremos y podemos pasar momento mucho más amenos y sobre todo más divertidos.

Pasearse por toda la casa con un brazo ocupado con un bebé, es fácil, que mi hija quiera brazos por intervalos también, pero cuando los dos se ponen de acuerdo es un poco de táctica militar súper pro, y más si hay que desplazarse en las escaleras, hacer el baño de uno de los dos, etc. (que generalmente me espero a que el buen padre acuda al rescate pero no siempre es posible) Así que ahora yo puedo con todo (jajaja parece frase de superación personal).

La verdad mi reboso es fácil, tiene dos anillos y es muy sencillo colocarlo, lo único es saber los trucos (pequeños detalles fáciles de aprender, algunos por si acaso puse a Lotta para probar primero) y que el bebé esté cómodo y no chueco, teniendo especial atención con su cabecita y columna. Mi primer problema era justo ese, a pesar de que se quedaba dormido me daba la impresión de que no estaba bien puesto, así que terminaba con una mano sosteniéndolo, y pues no me dejaba hacer gran cosa y yo no es que lo disfrutara demasiado, luego me di cuenta que en realidad había que sacarle los piececitos pues ya no estaba tan chiquito y completo no cabía (o por lo menos no le hallaba la forma al asunto). Sigo poniendo mis manos bajo él para protegerlo pero me muevo con mayor facilidad y él está en una posición mucho más cómoda (o eso parece), aquí ya me animo a hacer cosas con las dos manos, mi hija lo acepta mucho mejor y yo puedo respirar un poco, cuando se duerme puedo dejarlo contra mi, no he probado darle pecho pero ya vi que es bastante fácil hacerlo.

En algunos casos uso un canguro mucho más sólido, pero no me puedo sentar pues le incomoda y me da miedo hacerle daño, así que para la casa y lugares tranquilos (amigos, familia, etc) está perfecto, ya para ir fuera siento que el canguro es mucho más sólido pero definitivamente es cuestión de gustos, con mi hija mayor utilice mucho más el canguro mientras que con el pequeño hemos comenzado a tenerle cariño al rebozo.

Hay tantas cosas que podría contarles de esta etapa, mis hijos, mi maternidad, mi estrenón como bimadre en fin, tantas y tantas que no acabaría, lo que sí es que trato de tomarlo con el mejor humor que puedo y la mejor filosofía, hay veces que no es tan fácil pero una se reinventa día a día.

Les llamo a menudo terremotos, pero en realidad son pequeños vampiritos, se llevan mi energía al final del día y me la regresan cada vez que los veo, cada mirada impaciente, cada sonrisa fugaz o pensada. Adoro esto y es por eso que se los comparto.

2 meses en casa

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Hoy son dos meses desde su llegada, el más pequeño de la casa, de la familia. He aprendido enormemente con él y con mi hija mayor en este tiempo, sentimientos que se repiten y otros que se estrenan, hoy a dos meses puedo sentirme más segura, menos estresada, (por lo menos en intervalos y por algunos minutos si no es que segundos).

El pequeño empieza a hacer sonidos y a reír cuando te ve, cuando me ve, si está contento, abre enormemente sus ojos y empieza a moverse con todas sus fuerzas, agitando sus brazos y piernas, haciendo muecas, sonrisas y algunos sonidos, automáticamente me saca una sonrisa y un suspiro repleto de emociones entre mezcladas, se necesita tan poco para estar tan contenta en estos días, ya no me acordaba de lo que era un bebé tan pequeñito en casa y hoy a sus dos meses veo que cambia tan rápido, podría hacer miles de comparaciones con su hermana de dos años pero no tiene caso, por lo menos no hoy, él es único, sus modos también y su despertar ante la vida.

En estas semanas hemos comenzado a entendernos, a empezar a conocernos, a querernos y sobre todo a acostumbrarnos, él a mis brazos y yo a tenerlo en ellos.

¿Cómo nos comunicamos? Todo depende de sus ojos, he aprendido a descifrar cada mirada, pestañeo así como cada sonido por más mínimo que sea, lo mismo pasa con su respiración, cada intervalo, frecuencia, siento su latido al unísono con el mío.

Miro su pequeña mano tratando de agarrar mi dedo y no puedo dejar de pensar en lo que harán esas manitas que ahora están ávidas de experiencias…

¡Felices dos meses!

Ella (150 palabras)

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Sombras, realidad, salida

La había perdido por completo, ni una pista de ella, si bien algunas veces se enojaban y dejaba de hablar por algún tiempo, los unía un viejo amor, hacía millones de años atrás cuando todo había empezado, había escogido entre todas las sombras a la única, su amiga, su incondicional ¿dónde estaba?….La realidad podía ser tan exótica en estos tiempos, un poco de iniciativa y buenos deseos (en el momento adecuado, por ejemplo cuando pasaba un cometa) y listo podías viajar en el tiempo…

Entrando la noche, ya inquieto por su querida, decidió ir a esa constelación más allá del allá, finalmente todo había empezado ahí, justo no había duda esa pequeña mancha oscura en el mar era ella, tan bella, tan perfecta…debía decidirse si quería encontrar una salida, eso era, quería pasar el resto de sus días con ella, pues la vida sin su compañera era como estar sin su otra mitad.

Nota:

150 palabras es una entrega dominical, creada por Marta, (DiarioDeAlgoEspecial) de una microhistoria o microrrelato, tres palabras de inicio, y habrá que crear un cuento con ellas ¡de 150 palabras!

Para conocer como nació esta idea de 150 palabras y las reglas, puedes hacer click aquí.

Un día para recordar

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El día llegó, después del encerrón con el bebé durante un buen rato y con cierto miedo de que nos salieran hongos por eso de no orearse un poco, ni siquiera sacar la nariz pues el retoño aún no contaba con las vacunas, finalmente llegó el día, nosotros dos estábamos ya casi en la puerta a las 6 de la mañana, pues ya no podíamos esperar más, queríamos ¡aire fresco!

Como papás precavidos que somos hicimos una lista de todas las cosas que necesitábamos por si acaso, eso de salir a cuatro necesita organización y táctica precisa.

Ya todos en la puerta, felices por la salida, nos dirigimos a sacar las fotos del pasaporte del más pequeño, claro que cuando llegamos estaba dormido y no hubo poder humano para que despertara, tampoco muchas ganas de hacerlo pues desde hace unos días duerme poco.

El itinerario sería, comer con ellos, comprarles ropa más ligera para la temporada y al supermercado, ya sé que no es la salida ideal pero cuando se tiene poco tiempo hay que aprovecharlo, más tarde iríamos a dar una vuelta al bosque y recoger algunas flores.

La realidad fue, que los dos torbellinos se durmieron, nosotros aprovechamos su sueño para ir por una hamburguesa de esas de comida chatarra, mi hija comería algo más saludable claro está. Llegando al centro comercial sacamos la carriola del pequeño y sorpresa, faltaba una pieza para poner el maxi cosi, ok nos dijimos, vamos a tomar dos carritos de los del supermercado y una vez dentro de la plaza nos dividimos, yo me fui con la mayor a comprar ropa y zapatos, uffff como nunca, parecía endemoniada, agarrando todo, como jamás en la vida, en una de esas la puse en un rincón en lo que se calmaba, pero más bien parecía disfrutarlo….saliendo, obvio el más pequeño ya tenía hambre y con él es 1,2,3 grito y fuerte, muy fuerte…para no hacer el cuento largo, terminé en una cabina de ensayo, escondida casi, para poderle dar de comer, pues ni una silla o banca vas a encontrar y claro como una toma la lactancia como pretexto para exhibirse….

Más tarde el bebé y yo debíamos alcanzar al papá y mi hija en otra tienda, ya para ese momento el bebé en brazos, mis brazos y cuando llegamos, pues ni hija ni marido, después de mil los vi felices tomando un jugo y yo con una contractura en el cuello, jajaja más vale reír que llorar.

La buena hija ya había jugado con los nervios del padre en el intervalo, y yo por mi parte ya quería regresar a casa….decidimos hacer las últimas compras…un par de cosas para la cena y listo vámonos….esto fue rápido y sin episodios psicóticos, ¡vámonos!

Saliendo, segunda toma del bebé, este ya en cólera y famélico, ninguna silla, lugar para quedarse un momento y ni cabina de ensayo….así que opté por el coche, ¿ya qué otra nos quedaba? Entre bebé, bolsa, pañalera, carrito pues un circo de tres pistas el darle de comer y no morir en el intento….Prueba superada, pero no lo recomiendo…

Nuestra salida, primer salida familiar a cuatro fue en un intervalo de tres horas… parecieron años, ¡lo juro!, el camino de regreso, los dos torbellinos dormidos, una vez que llegamos a la casa no queríamos ni apagar el motor del coche para no tentar fortuna y despertarlos…lo logramos, cada uno en su cama y dormidos…nosotros hasta la respiración aguantamos para no perturbarlos.

¿La ida al bosque? Que buena broma, tal vez mañana…hasta mi hija estaba cansada del día, pues claro con semejante guerra que había dado… Terminamos los cuatro haciendo una buena siesta, después pues a organizar la cena, jugar en casa, baño y de nuevo dormir.

Fue un día de deporte extremo, lleno de adrenalina y millones de calorías quemadas (qué gimnasio ni que nada), seguido de unas buenas carcajadas de los padres ya en seguridad y territorio neutro. Prueba superada y un respiro de alivio de estar sanos y salvos.