Cuatro manos para un bebé

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Mi pequeño terroncito de azúcar empieza a tomar peso en esta casa y peso en kilos, me parece que a penas me doy la vuelta y ya llenó sus cachetes, al rato lo voy a ver caminando y saltando por toda la casa en compañía de su hermana…

Me dedico de tiempo completo a mis hijos (en lo que vuelvo al trabajo, pero me queda un rato todavía), 24/24 al pequeño recién llegado y en las tardes a la mayor, y es verdad que cuando somos tres agárrate mundo que ahí te voy, entre la hermana mayor (ni tan mayor solo 2 años) y el pequeño de dos meses pues como dicen es deporte extremo, nos divertimos pero es agotador y en ocasiones estresante, sobre todo cuando no nos ponemos de acuerdo. La comunicación es la base de todo pero no siempre llegamos a un acuerdo, gajes del oficio y de dos niños empezando a mostrarse al mundo.

Todo esto para hablarles del porteo, la bufanda, rebozo, etc…Me ha hecho la vida, esta vez le he agarrado el gusto, les explico:

Después de la espalda bloqueada en tres puntos diferentes, un desgarre de un músculo que quien sabe como se llame, pocas fuerzas y dos niños impacientes por los brazos de su madre, me decidí, un poco por salir adelante y conciliar con los dos y otro tanto por los comentarios de Maite y Noe, así que hice una maestría, doctorado y post doctorado de porteo (claro vía youtube, no se que haría sin él), lo que no hice o no le tenía tanto cariño con la primera lo adoro con el segundo, es genial poderme mover, descansar un poco los brazos pero sobre todo sentirme libre de poder jugar con mi hija y tener al bebé en brazos, de esta manera todos tenemos lo que queremos y podemos pasar momento mucho más amenos y sobre todo más divertidos.

Pasearse por toda la casa con un brazo ocupado con un bebé, es fácil, que mi hija quiera brazos por intervalos también, pero cuando los dos se ponen de acuerdo es un poco de táctica militar súper pro, y más si hay que desplazarse en las escaleras, hacer el baño de uno de los dos, etc. (que generalmente me espero a que el buen padre acuda al rescate pero no siempre es posible) Así que ahora yo puedo con todo (jajaja parece frase de superación personal).

La verdad mi reboso es fácil, tiene dos anillos y es muy sencillo colocarlo, lo único es saber los trucos (pequeños detalles fáciles de aprender, algunos por si acaso puse a Lotta para probar primero) y que el bebé esté cómodo y no chueco, teniendo especial atención con su cabecita y columna. Mi primer problema era justo ese, a pesar de que se quedaba dormido me daba la impresión de que no estaba bien puesto, así que terminaba con una mano sosteniéndolo, y pues no me dejaba hacer gran cosa y yo no es que lo disfrutara demasiado, luego me di cuenta que en realidad había que sacarle los piececitos pues ya no estaba tan chiquito y completo no cabía (o por lo menos no le hallaba la forma al asunto). Sigo poniendo mis manos bajo él para protegerlo pero me muevo con mayor facilidad y él está en una posición mucho más cómoda (o eso parece), aquí ya me animo a hacer cosas con las dos manos, mi hija lo acepta mucho mejor y yo puedo respirar un poco, cuando se duerme puedo dejarlo contra mi, no he probado darle pecho pero ya vi que es bastante fácil hacerlo.

En algunos casos uso un canguro mucho más sólido, pero no me puedo sentar pues le incomoda y me da miedo hacerle daño, así que para la casa y lugares tranquilos (amigos, familia, etc) está perfecto, ya para ir fuera siento que el canguro es mucho más sólido pero definitivamente es cuestión de gustos, con mi hija mayor utilice mucho más el canguro mientras que con el pequeño hemos comenzado a tenerle cariño al rebozo.

Hay tantas cosas que podría contarles de esta etapa, mis hijos, mi maternidad, mi estrenón como bimadre en fin, tantas y tantas que no acabaría, lo que sí es que trato de tomarlo con el mejor humor que puedo y la mejor filosofía, hay veces que no es tan fácil pero una se reinventa día a día.

Les llamo a menudo terremotos, pero en realidad son pequeños vampiritos, se llevan mi energía al final del día y me la regresan cada vez que los veo, cada mirada impaciente, cada sonrisa fugaz o pensada. Adoro esto y es por eso que se los comparto.

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Mamá no te escondas

Imágenes realizadas por John Marceline para el curso en línea “Aprendiendo lactancia y amamantamiento: Curso virtual automatizado basado en principios de la OMS” de próxima aparición. Bajo derecho de uso permitido por el Instituto Nacional de Salud Pública.

Imágenes realizadas por John Marceline para el curso en línea “Aprendiendo lactancia y amamantamiento: Curso virtual automatizado basado en principios de la OMS” de próxima aparición. Bajo derecho de uso permitido por el Instituto Nacional de Salud Pública.

Hacía mucho que no me sentía tan agredida, a pesar de las enormes campañas y bombardeo en todos los medios a favor de la lactancia, creo que nuestra sociedad está muy lejos de entender los beneficios de esta. Las madres que decidimos amamantar a nuestros hijos corremos un camino que no es del todo color de rosas, por lo menos en su inicio, la publicidad con hermosas artistas dando el pecho a sus hijos y sin complejos hacen un boom en los medios, y que bueno que tomen parte de esto y hagan campaña, apoyando a la OMS, pero la realidad es que madres como tú o como yo, vamos a los lugares públicos a hacer nuestras compras, pasear, tomar un poco de aire fresco y nos topamos con una sociedad que te señala con un dedo acusador, critica y hasta ofende por darle de comer a tu hijo.

Mi caso, fue terminar en una cabina de ensayo y posteriormente en el coche haciendo circo, maroma y teatro para salir invicta, prueba superada, pero estoy cansada de estar pidiendo permiso, sentirme agredida, criticada, esconderme, ¿Por qué debo de esconderme? necesitamos espacios también para nosotras, ¿hasta cuándo vamos a tener que aguantar?, ¿No quieren senos al aire? Hagan espacios públicos para ocuparnos de nuestros hijos, por lo menos una banca donde sentarse, ¿no podemos ir a restaurantes con nuestros hijos? Pongan horarios que no nos convengan, ¿Quieres que me esconda para dar de comer a mi hijo? Te equivocas si crees que lo voy a hacer.

Yo también soy parte de esta sociedad y quiero serlo de manera libre, no voy a esconderme en mi casa mientras dure la lactancia, no voy a esconderme en el auto o al final de un corredor, no voy a esconderme como si fuera algo malo lo que hago por mis hijos, no voy a esconderme como si robara la paz pública, no voy a esconderme, no voy a esconderme, no voy a esconderme…

Los invito a alzar la voz con #mamanoteescondas

Aquí puedes dejar tu enlace para hacer de esta una gran fiesta! Muchas gracias por participar! Mamá no te escondas

Un día para recordar

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El día llegó, después del encerrón con el bebé durante un buen rato y con cierto miedo de que nos salieran hongos por eso de no orearse un poco, ni siquiera sacar la nariz pues el retoño aún no contaba con las vacunas, finalmente llegó el día, nosotros dos estábamos ya casi en la puerta a las 6 de la mañana, pues ya no podíamos esperar más, queríamos ¡aire fresco!

Como papás precavidos que somos hicimos una lista de todas las cosas que necesitábamos por si acaso, eso de salir a cuatro necesita organización y táctica precisa.

Ya todos en la puerta, felices por la salida, nos dirigimos a sacar las fotos del pasaporte del más pequeño, claro que cuando llegamos estaba dormido y no hubo poder humano para que despertara, tampoco muchas ganas de hacerlo pues desde hace unos días duerme poco.

El itinerario sería, comer con ellos, comprarles ropa más ligera para la temporada y al supermercado, ya sé que no es la salida ideal pero cuando se tiene poco tiempo hay que aprovecharlo, más tarde iríamos a dar una vuelta al bosque y recoger algunas flores.

La realidad fue, que los dos torbellinos se durmieron, nosotros aprovechamos su sueño para ir por una hamburguesa de esas de comida chatarra, mi hija comería algo más saludable claro está. Llegando al centro comercial sacamos la carriola del pequeño y sorpresa, faltaba una pieza para poner el maxi cosi, ok nos dijimos, vamos a tomar dos carritos de los del supermercado y una vez dentro de la plaza nos dividimos, yo me fui con la mayor a comprar ropa y zapatos, uffff como nunca, parecía endemoniada, agarrando todo, como jamás en la vida, en una de esas la puse en un rincón en lo que se calmaba, pero más bien parecía disfrutarlo….saliendo, obvio el más pequeño ya tenía hambre y con él es 1,2,3 grito y fuerte, muy fuerte…para no hacer el cuento largo, terminé en una cabina de ensayo, escondida casi, para poderle dar de comer, pues ni una silla o banca vas a encontrar y claro como una toma la lactancia como pretexto para exhibirse….

Más tarde el bebé y yo debíamos alcanzar al papá y mi hija en otra tienda, ya para ese momento el bebé en brazos, mis brazos y cuando llegamos, pues ni hija ni marido, después de mil los vi felices tomando un jugo y yo con una contractura en el cuello, jajaja más vale reír que llorar.

La buena hija ya había jugado con los nervios del padre en el intervalo, y yo por mi parte ya quería regresar a casa….decidimos hacer las últimas compras…un par de cosas para la cena y listo vámonos….esto fue rápido y sin episodios psicóticos, ¡vámonos!

Saliendo, segunda toma del bebé, este ya en cólera y famélico, ninguna silla, lugar para quedarse un momento y ni cabina de ensayo….así que opté por el coche, ¿ya qué otra nos quedaba? Entre bebé, bolsa, pañalera, carrito pues un circo de tres pistas el darle de comer y no morir en el intento….Prueba superada, pero no lo recomiendo…

Nuestra salida, primer salida familiar a cuatro fue en un intervalo de tres horas… parecieron años, ¡lo juro!, el camino de regreso, los dos torbellinos dormidos, una vez que llegamos a la casa no queríamos ni apagar el motor del coche para no tentar fortuna y despertarlos…lo logramos, cada uno en su cama y dormidos…nosotros hasta la respiración aguantamos para no perturbarlos.

¿La ida al bosque? Que buena broma, tal vez mañana…hasta mi hija estaba cansada del día, pues claro con semejante guerra que había dado… Terminamos los cuatro haciendo una buena siesta, después pues a organizar la cena, jugar en casa, baño y de nuevo dormir.

Fue un día de deporte extremo, lleno de adrenalina y millones de calorías quemadas (qué gimnasio ni que nada), seguido de unas buenas carcajadas de los padres ya en seguridad y territorio neutro. Prueba superada y un respiro de alivio de estar sanos y salvos.

Historias de terror

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Me vino a la memoria una anécdota al leer el blog de La Psicomami, es verdad que cuando una tiene hijos, los puntos de interés van cambiando y las pláticas de sobre mesa también, lo que a una le parecía totalmente fuera de lugar en una platica entre amigas tomando el café, se vuelve punto de interés casi de tipo nacional sino es que internacional, para aquellas madres, en especial las primerizas. Con este artículo me he reído tanto, parecería que fuera pura ficción y cuando estas en ello ¡paf! Te cae de golpe y sin avisar la cruda realidad.

Hace algunos años, cuando cuidaba al hijo de una amiga, una mañana soleada, de esas que nunca pasan en este país, llegué a la casa de mi amiga y con la sorpresa el bebé andaba enfermo, una gripilla de esas testaduras que más que otra cosa hacen miserable la vida de los papás durante unos días, hasta que el virus emigra al cuerpo de porta bebé….en fin ese día soleado, mi amiga me dijo que había que limpiarle la nariz, ante mi asombro, sacó un instrumento del tipo Edad Media llamado “quita mocos” o “tira mocos”, no había botón de encendido o algún otro circuito o sistema que hiciera el trabajo, por el contrario, el artefacto era totalmente mecánico. Mi amiga con una sonrisa entre dientes al ver mi cara de horror y asco ante tal cosa, me dijo que este tipo de eventos eran totalmente de las madres de los hijos, cada quién llevaba a cuestas los mocos de sus vástagos.

Pasando el tiempo, un par de años, tuve a mi primer bebé, ella tan linda, tan chiquita, tan perfecta….y claro, ¡pasó! después de descifrar cada pañal, cada mueca, cada baba, etc., etc. Pues llegó lo inevitable, le agarró lo que sería un resfriado, lo cual conlleva, miles y miles de mocos haciendo un complot contra los padres, recuerdo que estaba sola y la pobre no podía respirar, entre que trataba de entender el chunche este, sacarle los mocos, tratar de que todos quedaran en el artefacto, no perder ninguno en la cama y la niña que lloraba como si la estuviera despellejando, el resultado fue, entre todo, más o menos aplaudible pero sin mucho éxito al final….acto seguido llamada desesperada al santo padre y trabajo de por vida para él. Yo lo hago muy de vez en cuando y solo en caso de extrema urgencia, otra de Malamadre que le sumo a la lista.

Ha pasado el tiempo, y entre una cosa y otra, novedades, nuevo embarazo, millones de cosas más, su papá se sigue encargando de eso….la anécdota, asquerosa anécdota….fue una madrugada donde la pequeña se sentía mal y había que limpiarle la nariz….en medio de las penumbras y un sueño a medias, oigo al santo padre, literalmente mentar madres, yo fiel y amorosa esposa, brinco y pregunto tímidamente que qué es lo que pasaba…silencio…mi hija ya respiraba pero el santo padre entre sofocos me decía que se había pasado parte de la sustancia en cuestión a su boca….¡Guacala! mi primera reacción fue reírme, la segunda, correr al baño para no vomitar del asco…..¡mi tolerancia a esas cosas es mínima!…pero como dirían “Lo que no te mata te hace más fuerte”…

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Si bien los mocos en su turno son parte del vocabulario de esta casa y los podemos catalogar en todos los colores, tipos, formas y de ahí saber en que estado evolutivo está la gripa, pero una cosa es la teoría y otra definitivamente la práctica, hay cosas que me sobre pasan…Nadie dijo que tener hijos fuera fácil, pero de ahí a todo lo que podemos llegar a hacer, agárrese quien pueda….

Son de las cosas que también dije, jamás en la vida, y aunque trato de mantenerme alejada, me toca…creo que por el resto de las sorpresas de la maternidad lo sobre llevamos….benditos niños y todos los bichos que pueden acumular.

¿Alguna historia de la vida real y sustancias tóxicas que quieran compartir?

¡Ahora le toca a él!

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Como buena familia que somos, con todos los altibajos de una montaña rusa que es la vida en casa con un torbellino y un torbellinito recién llegado, el señor de la casa se ha hecho cargo en gran parte de todo, la mamá, la hija1, se hubiera hecho cargo también del recién nacido pero por el momento me encargo yo día y noche.

La casa ha sido un circo de tres pistas, no por los cuidados del buen padre sino por un desfile de cambios en el comportamiento de la buena hija, seguido de cuidados intensivos a la bella madre y sobre todo los horarios desbocados del buen hijo que reclama atención cada minuto del día.

La buena hija pegada al padre, los cuidados y “estate quietos” de él hacia ella han hecho que dentro de todas las personas cercanas a mi hija, él único digno de respeto sea su padre….yo por mi parte me abstuve de poner orden en casa, más bien trataba de compensar de alguna manera los cambios, ahora que ya ha pasado el tiempo, tenemos un rol dentro de la casa mucho más establecido, el padre sigue al mando de la casa ayudando en todo lo posible y yo….¿y yo?, pues me dejo querer.

Hay cosas que no han cambiado, por ejemplo los fines de semana, por lo menos las mañanas son de ellos dos, se levantan, van por el pan, la mayor parte de la veces pasan por flores, la hija regresa con el botín y desayunamos juntos, hasta me toca el café en la cama con una sonrisa de oreja a oreja de mi hija trayendo las flores a rastras, contándome las aventuras de la salida.

Durante la semana, el buen padre casi santo, se encarga de nuestra hija, la mayoría de las veces el bebé abre el ojo a las 4h30 non stop, así que entre los celos de una, el llanto del otro papá se encarga de ella mientras yo con mi mano libre hago la mamila de mi hija. ¿pero que pasa cuando papá quiere vestir a la bella, bellísima niña? Es un shock de colores y cualquier persona que tenga un mínimo de estilo en cuanto a moda infantil, no encontraría ninguna regla….Mi esposo dice que es “estilo papá” y así con aire triunfante y orgulloso se van a la escuela y trabajo respectivamente, mientras me quedo anonadada tratando de juntar el rompecabezas del estilo de mi hija y tratando de cerrar la boca.

La tarde ya es para los cuatro, cuando ellos llegan a casa, Mi hija va corriendo a mis brazos, en ocasiones le hago el baño o simplemente vemos alguna película o leemos un libro…en ocasiones (todavía ahora) dice bebé bebé y se va con su papá a ayudarlo a poner la chimenea…hay veces que me mira con el rabillo del ojo receloso por el bultito en mis brazos….aunque a penas hace algunos días su manera de decir “te quiero mamá” es traerme todo lo que considera útil para el hermanito.

Mi madre dice que tiene la paciencia del santo Job, no se si lo dice por este periodo en nuestra vida de familia o por mi, prefiero no preguntar. Lo que si es que cada cariño atención y desvelos para sus chicas hermosas y su hijo lo valen todo, también puedo decir que no solo yo tengo ojeras (sexis)que me dan tres vueltas, el buen padre las tiene con un pequeño brillo y media sonrisa de satisfacción y orgullo de su familia.

¡Gracias papá!

En algún lugar de Roma

Roma

Les cuento que el buen padre, la buena hija, la abuela y la madrina se fueron de viaje un par de días a visitar a la familia, que desde hacía dos años preguntaban por la buena hija para conocerla, pues llegó el día, mientras yo me quedaba con el recién llegado, armándome de valor con todo el refri lleno por si acaso y todo al alcance de la mano por eso de la movilidad reducida.

Fue a penas un par de días, suficientes para hacer un recorrido exprés por la bella ciudad, visitar a la tía y tomar fotos en cada parada….

Claro, que la experiencia de viajar en avión debía de ser genial para ella, 2 horas de vuelo justo buenas para no desesperar a nadie, llegar, dejar maletas e ir a cenar una buena pizza o pasta que ella adora….¿la realidad? 4 horas de avión, 2 horas de espera y la cena casi ni la cuentan por lo tarde que llegaron, ella desesperada y odiosa quiero pensar, harta de estar encerrada….qué avión ni que nada lo que quería era salir corriendo, pero bueno,una vez fuera, ya en el aeropuerto, la niña feliz, una vez vista la pizza pues desbordaba de contenta, resumen….bebé dormido a media noche.

El día, según lo cuentan, fue pasando un poco difícil, por un lado mi hija cansada, pidiendo que la cargaran por toda Roma (paseo patrocinado por el buenpadre, ahora casi santo), la bipolaridad bien instalada desde la llegada del hermanito y pues aunque feliz de conocer un lugar nuevo, se conoció también todos los rincones de la vieja ciudad (si se porta mal, se va al rincón), ya al final, a ella le valía y más bien posaba para la foto desde el rincón seleccionado. Mi querida hija, dejaría de ser ella.

De regreso al hotel para la hora de la siesta (ya no supe si era del papá o de mi hija) pero lo hicieron con el fin de tomar fuerzas gracias a ese sueño reparador y recibir bien a la familia que tanto esperaba la visita.

La cena, genial por lo que me cuentan, un poco difícil al principio, nuevamente mi hija hacía de las suyas, aunque en su defensa no se sentía tan bien, una vez pasado el malestar, todo fue de maravilla, disfrutó el breve momento en familia, con una comida hecha a su altura y sus exigentes gustos de pequeña chef.

El paseo por las viejas calles de Roma, suspiro nada más de querer estar ahí y atesorar cada “ohhhhh” “ahhhhhh” “mi” de mi hija, saborear los helados con ella o comer un buen plato de pasta al dente como solo ellos saben hacerlo, seguido de muecas y sonrisas que le encantan hacer, prueba de felicidad desbordante del momento.

Lo poco que vi, vía internet fue a la buena hija dormida como piedra, casi roncando mientras el buen padre se iba al baño para hablar conmigo ¿miedo a despertarla? noooooo…o por la mañana con las pilas súper cargadas con ganas de más aventuras y recorridos sobre los hombros de su papá.

Así pasó su primer viaje lejos de mi, por mi parte me dediqué a dormir y a comer (hablo de mi no del bebé, que a su turno hacía lo mismo). Esta vez no hubo patito tragado por la llanta de la carriola, pero sí un tour gastronómico único para mi hija tomada de la mano de su padre consentidor diciendo “solo por las vacaciones” seguido de un giño cómplice con la pequeña.